Voluntariado con OHF en Lesbos. Julio 2017

DSCN9762.JPGHace unas semanas que acabé mi voluntariado en Lesbos, pero todavía siguen frescas en mi memoria las personas que allí conocí y creo que las recordaré siempre. Unas seguirán cada día deseando salir de esa isla que,  como una prisión rodeada por el mar, está parando su sueño de continuar el viaje, y otras, aportando su esfuerzo para que la situación de las personas refugiadas sea más llevadera en el día a día, haciendo además de altavoz suyo ante el resto del mundo.

Leo en la página web de la OHF (One Happy Family), la organización con la que trabajé como voluntario, que los refugiados que se manifestaron pacíficamente a mediados de julio en el campo de detención de Moria fueron brutalmente reprimidos por la policía, que continúan los incendios en sus alrededores, las detenciones de la policía, la primera concentración de los habitantes de Lesbos frente a sus propias autoridades locales…Y que a la vez, las mujeres están construyendo su espacio propio en el centro comunitario del proyecto, que se ha realizado un acto donde ellas hablaron de su experiencia como mujeres escapando de la guerra. También imagino que continúan todas las actividades cotidianas dentro de este proyecto, así como las de todas las demás asociaciones, organizaciones trabajando dentro de la isla.

Siguiendo el ejemplo de un@s amig@s que estuvieron trabajando como voluntarios en un campo de refugiados en la isla griega de Lesbos, me decidí a viajar con mi familia este mes de julio, para colaborar como voluntario con la organización Swisscross. Su facilidad y flexibilidad para participar fueron una ventaja y algo ya de agradecer de antemano.

Nos alojamos en una casita en Panagiouda, un pueblo pesquero precioso a 3 km del proyecto. Durante los quince días que estuvimos allí fuimos felices compartiendo el edificio con la familia griega, que nos trataron como a sus amigos. Incluso me prestaron una bicicleta para acceder al trabajo de voluntario.

El proyecto, que se llama OHF, en español Una Familia Feliz, hace honor a su nombre. Abierto a todo el público desde las 12 a 21 h de lunes a sábado, se trata de un centro comunitario levantado para y por las personas refugiadas. L@s vistantes son refugiad@s de los campos de Kara Tepe y Moria y también de los squats cercanos. A su lado, l@s voluntari@s de la organización que permanecen unos días, semanas o llevan allí desde el mes de marzo que empezó el proyecto, alojados en el apartamento para voluntari@s o en casas particulares, comparten sus quehaceres codo a codo con ell@s, comen junt@s la misma comida y participan en las tareas que voluntariamente asumen, rotando las tareas de limpieza.

Los proyectos en el centro comunitario son muy variados: un comedor dirigido que da una comida diaria gratuita a toda persona gratuitamente; un café donde se sirve té y café; un banco donde se dispensan dracmas (antigua moneda griega), impresos por la organización, y que son canjeables por bebidas, ropas u otros servicios; una sastrería; una peluquería donde se corta el pelo y arreglan barbas; una escuela, coordinada en conjunto con la ONG de origen palestino-israelí NATA, donde se imparten clases de Inglés y Griego para adult@s y otras para niñ@s; un jardín con huerto;  una biblioteca;  un estudio de radio y edición de vídeo; una boutique, donde se reparte ropa de adulto y niño; un espacio deportivo, donde se practica boxeo, se levantan pesos, o se juega al baloncesto, fútbol o la comba; una tienda de objetos de primera necesidad variados; una construcción de carpintería de tipo nepalí;  un espacio de juegos infantil;  un espacio de mujeres en construcción; un salón para fumar shisha; un servicio de médico, etc. Además, cualquiera que tiene una idea, puede llevarla a cabo cuando quiera.

La llegada de personas en botes a la isla continúa, pero ya no es tan intensa como al principio, por lo que otr@s voluntari@s colaboran parte de su tiempo con la OHF. Así, ONGs o personas a título individual, como Proem-Aid, Latra, Lifeguard Aid,  se suman a trabajar en las actividades diarias del centro o plantean otras propias como clases de natación para mujeres, talleres de pintura, etc.

Financiado por diferentes organizaciones (principalmente Swisscross) y aportaciones de socios, OHF es uno de los proyectos más originales de Lesbos por su carácter participativo y su sentido de comunidad. Recibe refugiad@s de Siria, Irak, Afganistán, Pakistán, Irán, Congo, Mali, Guinea, Etiopía, Argelia, Marruecos, Birmania, etc. En el momento en que estuve allí, también había  voluntari@s de múltiples nacionalidades: Grecia, Suiza, Alemania, Italia, Francia, España, Portugal, Israel, Estados Unidos, etc. Se habla en árabe, parsi, inglés, francés… Todas estas procedencias, y religiones (islam, cristianismo, judaísmo, etc.) conviven en esta colectividad, demostrando que se puede hacer con tolerancia, respeto y apoyo mutuo.

Personalmente preferí trabajar en el proyecto del jardín y huerto, que estaba creándose detrás de la escuela y en un lateral del edificio central. Mis compañeros, de orígenes diferentes, fueron amables conmigo, disfrutamos trabajando y a la vez tuvimos tiempo para compartir tiempo de descanso y hablar tranquilamente. Igualmente, participé en otras actividades rotativas o en las que se requería apoyo, según la coordinadora de voluntari@s me sugería, se había acordado en las reuniones diarias o semanales o bien por iniciativa propia, como clases de español a un refugiado, los turnos de la sala para fumar en pipa árabe (shisha o narguila), el banco, el reparto de comida, la limpieza de baños y salón, etc . También desarrollé iniciativas propias, como un juego informático para niñ@s y adultos en el que ponían su rostro en la cara de un jugador de fútbol de su equipo preferido (el Barcelona fue el favorito) o unos compostadores a partir de maderas recicladas, para meter los restos vegetales y realizar abono orgánico.

Desde el tratado en marzo de 2016 de Turquía y la UE, los refugiados han dejado de llegar masivamente por mar a esta isla, escogiendo otras rutas para llegar a Europa. Pero l@s que vinieron, continúan encerrados en esta isla que se convierte en una trampa para ell@s, de la que no pueden salir a ninguna parte. Solo esperar a que les den los documentos necesarios para moverse libremente hacia alguna otra parte, al continente europeo.

Durante las dos semanas que estuve en la OHF, en todas las conversaciones con personas que vivían en Moria, el campo de refugiados para personas que llegaron sin familia, siempre me hablaron de aquel sitio como un infierno o una prisión. Hasta el último día en la isla no lo vi, y a pesar de todo lo oído, me impresionó mucho todavía.  Que les den el permiso para permanecer “libres” en la isla o ser metidos en esta prisión a espera de una deportación es al parecer aleatorio, como refleja el caso de un par de hermanos iraníes que llegaron juntos a Lesbos y a uno le dieron permiso para permanecer en la isla y al otro lo encerraron en la prisión dentro de Moria. Los dos empezaron una huelga de hambre para protestar por su situación y por la de las personas allí encerradas, el  primero en la plaza de Safo de Mitilene, y su hermano junto con varias personas más, dentro de la prisión.

Aunque en Moria la situación ha mejorado desde que en el invierno varias personas murieran por el frío y hacinamiento en tiendas de campaña y la opinión pública mundial se hiciera eco y se cambiaran por contenedores. Aun así, las condiciones no son dignas para personas que llevan ya más de un año y medio compartiendo el espacio de un contenedor de 15×30 metros de hasta 30 personas. Y lo que todavía es peor, sin hacer nada, sin trabajar, ni realizar ninguna otra actividad.  Las tensiones son frecuentes, incluso hay peleas. Por eso no es de extrañar que hubiera una protesta en el interior del campo, con un incendio a principios de julio que afortunadamente no causó daños personales, solo materiales, pero demostró que no existe en este campo, donde conviven miles de personas, un plan de evacuación para emergencias. Podría haber sido una tragedia, de la que quizás la prensa internacional se hubiera ocupado, y las instituciones hubieran de nuevo reaccionado; o puede que ya ni siquiera les importe.

Las familias que residen en el campo de Kara Tepe parece que están en mejores condiciones, según me contaron los amigos españoles que allí trabajaron, y l@s voluntari@s que encontré en la OHF y en la isla. Se ocupa la municipalidad de Mitilene, no hay policías ni soldados como en Moria. Hay ONGs que ofrecen los servicios básicos, la comida, la ropa, la educación, la salud y actividades de ocio para niñ@s y adult@s. Pero a finales de junio se firmó un acuerdo para que las ONGs dejasen el campo y fueran sustituidas por el gobierno griego; algunas grandes, como Safe The Children o Médicos Sin Fronteras habían empezado ya a salir de la isla, pero la mayoría seguía todavía trabajando allí sin saber hasta cuándo.

Hay muchas historias personales que contar, tantas como personas hay allí. Muchas salieron evitando la guerra, la persecución, la tortura, el ejército, la cárcel, la falta de libertad y de otros derechos básicos como el trabajo digno. Su viaje fue una pesadilla; algunos guardan en su móvil las imágenes con las caras de pánico a bordo de una lancha por la noche en medio del mar, cuando les perseguía la policía turca hasta que les detuviera la griega. Los niñ@s y jóvenes deberían estar escolarizados al encontrarse en un Estado europeo, como dice la carta magna de todos ellos, pero si aprenden algo es gracias a la labor de las organizaciones y voluntari@s, y aunque reciban asistencia sanitaria de urgencia, muchas personas necesitadas no acceden a especialistas, como dentistas, traumatólogos, o no reciben medicinas para enfermedades bien conocidas, como la gota.

La situación no es fácil tampoco para l@s grieg@s desde el comienzo de la llamada crisis (o estafa) que fue aún más dura que en el Estado español. Esta tragedia humanitaria que se ha llamado problema de los refugiados, no es nueva en la historia. El pueblo griego también ha sufrido guerras, emigraciones, incluso ahora debida a esta última crisis económica. Quizás por eso han demostrado como pueblo, a pesar de que su gobierno participe en esta trampa internacional en el papel de carcelero,  más solidaridad y paciencia de la que otros vecinos europeos quizás hubiéramos sido capaces. Como muestra, solo en Atenas, hay un hotel entero ocupado para personas refugiadas (el City Hall), varias casas ocupadas, clínicas sociales, que demuestra que el pueblo griego trabaja para suplir las carencias del Estado.

A Lesbos, isla de unos cuatrocientos mil habitantes, a unas decenas de kilómetros de Turquía, vinieron quinientos mil habitantes desde que comenzó la llegada de personas procedentes de diversas partes del mundo que habían alcanzado el país vecino, con la intención de emigrar a Europa. Resulta difícil ponerse en la piel de este pueblo griego, recibiendo esta cantidad de visitantes inesperados, que llegaban en situaciones precarias a sus playas, y que empezaban a habitar sus calles; familias enteras, durmiendo en la calle sobre cartones. Gente que no estaba acostumbrada a ver personas negras, ni de origen musulmán, acogiendo ahora a miles de ellas. Y son muchos los campos de refugiados que permanecen todavía en la parte continental, desde Atenas a Tesalónica, diferentes entre sí pero con el denominador común de miles de personas detenidas a la espera en un limbo legal.

Durante las dos semanas que trabajé en la OHF, conocí a un refugiado sirio que iba a viajar por fin a España. Un caso particular que me enorgullecía. Sin embargo, el Ministro de Interior anunciaba esos mismos días que la cifra de las 17.000 personas refugiadas que el gobierno español se había comprometido a admitir ante la UE, se rebajará a 7.000, no porque España no quiera, sino porque la UE lo pesía ahora así. España ha acogido hasta la fecha 1488 solicitantes. Parece una cifra ridícula en comparación a otros países europeos, como Alemania, pero desgraciadamente mayor que otros como Hungría, que han cerrado sus puertas como solo lo harían regímenes totalitarios.

Nuestro país también ha sufrido la guerra, el exilio, la emigración económica; no hace falta más que mirar al siglo XX o incluso, con las diferencias obvias, a las personas que han salido del país por la crisis económica. Pero nuestro gobierno, mientras continúan las muertes en el Mediterráneo, levanta vallas con concertinas, detiene en centros de detención a personas que no han cometido delito alguno,no esclarece acontecimientos tan graves como las muertes del Tarajal, y se muestra lento y reacio a admitir siquiera la cuota mínima a la que se comprometió con la UE.

En cambio, son muchos y sobre todo mujeres, las voluntarias españolas que puedes encontrar en Lesbos, lo que demuestra que el pueblo español es solidario, y aún lo podría demostrar más si nuestros representantes estuvieran  a su altura. Solo nuestra presión ciudadana puede obligar a que se cumplan los tratados internacionales que obligan a permitir rutas seguras, dar asilo y permisos legales a las personas que han huido por las guerras en Siria, Afganistán, Irak, Ucrania y otras partes del mundo donde los derechos humanos son una utopía.

Para participar de una manera directa y tener una visión más clara de la situación de estas personas, pienso que no hay mejor forma que viajando y colaborando con alguna de ellas in situ. Pero hay otras muchas, como colaborar con las organizaciones que trabajan allí o desde el Estado español ofreciendo ayuda a l@s refugiad@s. También podemos informarnos,  promover y participar en acciones y manifestaciones públicas que empujen a nuestros gobernantes a involucrarse decididamente en el fin de los conflictos armados, a rechazar acuerdos vergonzosos como el de Turquía y la UE, y hacer cumplir internacionalmente los derechos humanos. Los esfuerzos e inversiones dirigidos hacia el cierre de fronteras, además de construir un mundo más desigual e inhabitable, solo serán un parche que alargará la agonía de millones de personas hasta que se dé prioridad a esta cuestión en la política internacional.

En caso de estar interesad@ en leer mi diario de las dos semanas como voluntario en OHF, descárgalo en el siguiente vínculo: en_lesbos_maestrosdepurados

maestrosdepurados. Julio 2017

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